Contra maremotos, la peste o la fiebre amarilla: la centenaria protección de la Virgen del Rosario a Cádiz

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Este 2017 se cumplen los 150 años de la Virgen del Rosario como patrona de Cádiz

Este mes de junio se cumplen 150 años de la proclamación de la Virgen del Rosario como patrona canónica de la ciudad de Cadiz, tradicionalmente vinculada a los más desfavorecidos y muy venerada en esta ciudad española. Sin embargo, siglos antes esta advocación mariana ya protegía esta ciudad mediante hechos asombrosos que recuerda Fray Pascual Saturio, prior de los domínicos en Cádiz, en este artículo en Alfa y Omega:

El 25 de junio de 1867 el obispo diocesano, fray Félix María de Arriete y Llano, recibía el rescripto pontificio en el que se proclamaba como patrona canónica de la ciudad de Cádiz a la Santísima Virgen del Rosario. En este 2017 se cumplen 150 años de aquella efeméride. El camino hasta la proclamación por parte de la Sede Apostólica fue largo y se mantuvo vivo el deseo gracias a los gaditanos, con su Ayuntamiento al frente.

La devoción al rosario de la Virgen está muy vinculada a la presencia de los esclavos negros, que fundaron en Cádiz su cofradía a comienzos del siglo XVIII. Quizás por eso fueron las ocasiones más dolorosas vividas en la ciudad las que acercaron a los gaditanos a esta Madre común, que había sido siempre Madre de los más desfavorecidos.

Contra la peste, la fiebre amarilla y los maremotos

Una de las tragedias que más afectó a la ciudad fue la epidemia de peste del año 1646, en la que murieron 14.000 personas. Cuentan los cronistas de la época que la ciudad, en medio de aquella calamidad, acudió a la Madre y el 1 de marzo de 1649 –esta sería la primera de las salidas extraordinarias de la Virgen del Rosario de su convento– fue llevada en procesión a la catedral. «Así se hizo y el azote cedió», dicen las actas del Cabildo catedralicio.

En 1730 otra vez el dolor, en esta ocasión por la fiebre amarilla, obliga a Cádiz a recurrir a la Virgen. Por su valimiento en esta calamidad, Simón de Villalta, capitular en el Ayuntamiento, propone que este asistiera a una función solemne, a modo de voto, para siempre, en la que se diera gracias a Dios. Y así se sigue haciendo cada 7 de octubre.

Sobrecogedor también aquel 1 de noviembre de 1755. Antonio de Azlor, gobernador de Cádiz, cuando se refirió a los coletazos del terremoto y maremoto de aquella mañana, dijo: «He asistido al ensayo del día del Juicio». Los frailes dominicos, empujados por los ruegos de quienes se habían refugiado en el convento buscando un lugar más seguro, sacaron a la Virgen por la cuesta de los Negros (hoy calle Plocia), hasta las murallas del norte (hoy callejón de los Negros), y allí, desde aquel altozano conjuraron al mar: «Señor, solo Tú tienes poder para decirle al mar hasta aquí llegarás y no pasarás». Las mismas palabras que los vecinos del barrio de La Palma, a la misma hora, pronunciaron ante su capilla. Y aquellas olas, como doblegándose ante su Dueña, volvieron a su centro y el peligro empezó a pasar.

Tanto en las penas, como en las alegrías

Cádiz también ha sabido vivir páginas de gloria alrededor de la Virgen del Rosario. Célebres son las dos intervenciones del Niño Jesús para llevar a su Madre a dos gaditanos. El primero a fray Félix, en octubre de 1868, como consecuencia de la revuelta de septiembre por el destronamiento de Isabel II. Entre los templos asaltados y los daños causados en aquellos disturbios estaba el de Santo Domingo. Fray Félix María de Arriete quiso, a pesar del peligro de salir aquellos días a la calle, visitar a la Patrona para comprobar que a Ella no le había ocurrido nada. El Niño de la Virgen le acompañó, haciéndose visible como Ángel de la Guarda, tal como él lo explicó, y tal como lo refleja el canónigo de la catedral José María León y Domínguez.

Por otro lado, un Niño preocupado porque los hijos vengan a la Madre se mostró un 31 de mayo de 1893. Aquel día Pilar Escribano, madre de dos marinos, uno en Cuba y otro en Filipinas, enzarzados en las contiendas por la pérdida de las colonias, iba a la capilla del Hospital de Mujeres cuando su vestido se enganchó en un objeto del mercadillo que se colocaba ya entonces junto al mercado central. A pesar de su corta vista, al mirar, vio en el suelo al Niño de la Patrona, que había sido robado el 24 de diciembre de 1891. Comprándolo y restaurando sus desperfectos, se dirigió al convento con él. Al subir al camarín para devolverlo a su Madre, le dijo a la Virgen: «Madre mía, yo te devuelvo a tu divino Hijo, acuérdate que yo tengo dos muy lejos de mí y uno de ellos está enfermo. No permitas que se me pierdan, devuélvemelos pronto». Pocas horas después de haber regresado a su casa recibió un cablegrama de su hijo en Cuba que le avisaba de su regreso. Días después, esta vez con un telegrama, su otro hijo, el que estaba en Filipinas, llegaba a Barcelona y pocos días después abrazaba a su madre.

Pero si hay en la memoria de Cádiz una jornada de gozo y de gloria como ninguna otra, esa fue la del 4 de mayo de 1947, la coronación canónica de la Patrona de Cádiz.

Muchos son los actos y celebraciones que se han organizado para conmemorar todas estas efemérides en la diócesis de Cádiz y Ceuta, ya que, además del 150 aniversario del patronazgo de Nuestra Señora del Rosario, celebramos el 70 aniversario de su coronación canónica, el 60 aniversario de su proclamación como patrona del Consejo de Hermandades, y los 50 años de su nombramiento como alcaldesa perpetua de Cádiz.

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