Los monjes del Valle de los Caídos consagraron a la Virgen del Carmen la abadía, que cumple 60 años

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Se han cumplido sesenta años de presencia benedictina en el Valle de los Caídos. Fue el 17 de julio de 1958, festividad del Triunfo de la Santa Cruz, cuando veinte monjes llegados del monasterio de Silos emprendieron una nueva comunidad benedictina en la abadía de la Santa Cruz. Había sido erigida el 27 de de mayo anterior por un decreto del Papa Pío XII, en un caso único en el siglo XX con respecto a la Orden de San Benito. El célebre historiador fray Justo Pérez de Urbel (1895-1979) fue su primer abad.

Con motivo de este aniversario, este martes los monjes del Valle de los Caídos consagraron la abadía a Nuestra Señora del Carmen, cuya festividad se había celebrado el día anterior y cuenta con un altar propio dedicado en la basílica. Se pidió especialmente que, por su mediación, Dios oriente a las personas en el respeto a la fe católica y a cuanto representa.

A las 11.00 de la mañana tuvo lugar la misa conventual, a cuyo término el prior de la comunidad, fray Santiago Cantera, leyó la siguiente consagración:

Altar de la Virgen del Carmen en la Basílica del Valle de los Caídos. Imagen: Wikipedia.

Oración y Consagración a Nuestra Señora de la Santa Cruz del Valle y del Carmen

Señora nuestra, Madre y Patrona de Valle,

al conmemorar el 60º aniversario de nuestra llegada a él,

queremos, en unión con cuantos nos han precedido,

poner ante Ti nuestra acción de gracias

por la predilección de Tu Hijo y Tuya sobre nosotros.

Y, queriendo honrar también la protección maternal

que en la advocación de Nuestra Señora del Carmen

dispensas a todos tus hijos en momentos difíciles de su vida,

los monjes de Santa Cruz y los fieles aquí presentes

nos encomendamos, consagramos y ofrecemos a Ti,

piadosísima Madre y Patrona,

nuestras personas, bienes, esperanzas y todos nuestros quehaceres y deseos.

Te suplicamos que sigas bendiciendo y protegiendo

a esta familia tuya que hoy te presenta

sus anhelos de fidelidad en el servicio de Cristo que prometimos en el bautismo,

y de los ideales monásticos que hemos profesado.

Bajo tu amparo y el de todos los beatos mártires,

especialmente  los de nuestra Basílica,

concede la paz, la reconciliación y la prosperidad

a esta nación, España, sobre la que siempre has volcado tus predilecciones.

Sigue siendo la Madre de este pueblo y la Protectora de este lugar

en el que se honra la Santa Cruz en la que Tu Hijo ofreció su vida por nuestra Salvación

y en el que reposan los restos de tantos hijos tuyos

que inmolaron su vida en beneficio de su Patria.

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