La eficacia del Rosario «in articulo mortis»: murió por ELA tras recibir tres días de gracia

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"De vez en cuando, cuando Dios nos mira desde arriba con amor, deja caer un alma sobre el mundo al modo de una piedrecita en un lago de aguas quietas. Y, como la piedrecita, ese alma crea olas que se expanden por el mundo antes de desaparecer fugazmente de nuestra vista. Mi hermano Davy fue una de esas almas": así comienza Joe Bolton su entrada del pasado 24 de octubre en su blog Augustines Alley, de inspiración agustina.

El teniente coronel Davy Bolton, padre de dos hijos, murió en noviembre de 2013, a los cincuenta años de edad, por ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), una enfermedad degenerativa y mortal que hoy por hoy no tiene cura y para cuya investigación se puso en marcha el célebre Ice Bucket Challenge [Desafío del Cubo de Hielo], en virtud del cual miles de personas en todo el mundo se han grabado en vídeo dándose un baño de agua fría por la cabeza.

Conversiones a su alrededor
Joe recuerda la "generosidad callada" de Davy, su amor por su familia, su talante de líder desde la infancia, el afecto y la confianza con los que le miraban sus hombres en el Ejército. Pero no es ése el objeto de su post, sino la "inspiración" que para todos los que le rodearon supuso Davy en los dos años que vivió luchando contra la ELA.

Durante su enfermedad, Davy suscitó en torno suyo actos de compasión, amor y generosidad. Vecinos, amigos y familiares, incluso extraños, acudieron a acompañarle de modo que sus sufrimientos "se convirtieron en una oportunidad para mucha gente de pensar en los demás en vez de en sí mismos", recuerda Joe, quien cita Mateo 25, 31-46 como modelo: "Cuanto hicisteis a uno de estos pequeños míos, a mí me lo hicisteis", dice Jesús al predicar el amor al prójimo.

La grave situación de Davy inspiró el despertar espiritual de muchas personas. "Un día, un oficial compañero suyo me dijo que la belleza interior de Davy le había devuelto el amor por su fe católica, que había perdido. Otros empezaron a rezar por primera vez, algunos a rezar el Rosario diariamente, otros a asistir a misa a diario", cuenta su hermano: "Al principio esas oraciones eran por Davy y por nosotros, pero a medida que pasaba el tiempo Jesús usaba nuestras renovadas vidas de oración para una relación más profunda de amor con Él".

Dos horas de oración, tres días de prórroga
Cuando ya se acercaba el final, un agravado Davy fue hospitalizado a causa de tres infecciones simultáneas en la sangre. "Lo que sucedió en el hospital durante esa última estancia fue para nosotros la más profunda y misteriosa lección", evoca su hermano. No fue, en sentido estricto, un milagro, pero todos vieron en los hechos una intervención del cielo.


Davy Bolton, junto a su madre, tras su asombrosa
recuperación.

"Mientras mis hermanos Peter y Patrick, nuestra madre y yo estábamos sentados junto a él, la tensión le bajó repentina y drásticamente. Davy dejó de reaccionar. El médico se apresuró a hacer todas las pruebas de reanimación, incluso gritándole al oído. Ni siquiera una potente luz en sus ojos hizo responder a su pupila. Aunque Davy aún tenía un pulso débil y algo de tensión sanguínea, estaba, a todos los efectos prácticos, muerto. El equipo médico ya no podía hacer nada por revivirle. Todo el mundo estaba convencido de su inminente muerte clínica".

Poco después, por pura coincidencia, llegó a la habitación el párroco de Davy y todos los presentes rodearon al enfermo, rezando durante dos horas dos rosarios enteros, la coronilla de la Divina Misericordia y el Oficio Divino. "Lenta y milagrosamente, sin intervención médica alguna, Davy comenzó a volver, abriendo y cerrando los ojos y musitando algunas de las oraciones con nosotros. Aún tuvo tiempo de ver por última vez a nuestra hermana Charlene y al primo Jim y pasar unos últimos momentos con sus hijos Michael y Andrew y con nuestros padres".



Ángeles de la guarda

Davy vivió aún tres días más tras esa experiencia que Joe considera "profundamente conmovedora y que jamás olvidaremos". La atribuye directamente a la oración de los ángeles de la guarda de todos los presentes, y en particular al rezo del rosario, que obró el favor con "el médico presente cuando Davy se quedó inerte, de modo que pudo certificar su estado, y el párroco imprevistamente llegado para dirigir la oración".

Hoy ese rosario, con el que el cielo regaló a Davy tres días de gracia para seguir irradiando el bien a las puertas de la muerte, está sobre su lápida para recordar la eficacia de la oración por los moribundos. Sobre todo espiritual, pero también corporal, aunque el caso del teniente coronel Bolton se identifican, por cuanto sus últimos días sirvieron también para crecimiento en la fe y edificación de quienes le acompañaron.

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