Exalcohólico, budista y homosexual, recitaba mantras y pensó: «Visitaré el santuario de Knock»

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Paul McLoughlin es un católico de Dungarvan, en el condado de Wateford, en Irlanda. Le gusta la lucha libre y las fotos de arqueología irlandesa.

El 5 de marzo de 2011 Paul volvió a la fe católica de su infancia, después de más de 10 años alejado de Dios, primero volcado en drogas y conductas destructivas, después sumergido en la espiritualidad budista, sin Dios. Ahora está orgulloso de haber cumplido tres años sin fumar y sin beber alcohol después de dos décadas volcado en abusar dañinamente de estas sustancias.

El momento exacto de su fe fue su visita al santuario mariano de Knock, muy popular en Irlanda. En 2012 pronunció su promesa como laico dominico. Reza el rosario cada día, dividiéndolo en tres secciones: por la mañana, por la tarde y por la noche. Es devoto del beato italiano Pier Giorgio Frassati, en cuya tumba pudo rezar el rosario, y a quien considera uno de sus patronos.


Paul en la tumba del beato Frassati

Además, Paul se define como un homosexual que hoy vive felizmente el celibato. Desde su cuenta en Twitter recomienda libros sobre la castidad, y es entusiasta de los libros sobre el tema de Dawn Eden, una antigua periodista de temas musicales que llevaba una vida promiscua y sin Dios y hoy defiende la vida casta como algo liberador y sanador. Paul retuitea frases de Dawn como la que dice: "La castidad no es el miedo al sexo, sino la reverencia al sexo".

Paul ha contado su testimonio de conversión con detalle en el Irish Catholic.

El primer beso homosexual

Creció en una familia católica y tenía una fe fuerte. De adolescente, se sentía atraído por los chicos y no por las chicas. "Yo entonces pensaba que a todos los chicos les pasaba lo mismo y que la atracción por las chicas llegaría más adelante al acercarse el momento de asentarse, casarse y crear una familia", escribe.

Siendo adolescente se enamoró de un chico un poco mayor que él, que se había apostado 10 peniques a que no se atrevía a besarlo… y lo besó.

Después volvió a casa. "Leí en en las notas al final de nuestra Biblia familiar que practicar la homosexualidad era pecaminoso, me senté en mi cama y lloré. Pensé que iría al infierno por ese beso", recuerda.

Cuesta abajo
En la universidad intentó a la vez mantener su fe católica y llevar una vida gay en ambientes gays. Tuvo algunas parejas de poca duración, y alguna de duración larga. "Yo siempre sentí atracción por la vida célibe, pero no había amistades platónicas disponibles en los ambientes gays, y yo era un joven nervioso que se dejaba llevar por la corriente", explica.

Después desarrolló una grave adicción al alcohol que le metió en muchos líos y peleas, incluyendo un tiroteo que alcanzó su pierna.

En cierto momento, hacia el año 2001, acudió a Knock: primero fue a beber a un pub, y luego pasó brevemente por el santuario de la Virgen y oró diciendo sencillamente: "¡Socorro!"

Pidió ayuda a Dios y la Virgen, pero nada pareció cambiar. Y abandonó toda fe y práctica católica que hasta entonces mantenía a trompicones.

"Me involucré con gente que se aprovechaba de mi buena naturaleza y después en ambientes de bebida, droga y bandas criminales. Por suerte, me quedé en el alcohol y los cigarrillos, y no me metí en drogas más duras. Al final tuve un colapso nervioso. Durante esa época me comporté muy mal, de lo que me arrepiento profundamente. Dejé a la gente que tenía que haber escuchado y escuché a quienes debí haber evitado. Incluso me arrestaron y acabé encerrado una noche y llevado dos veces al tribunal".

Interludio budista

Con la ayuda de amigos y familiares fue mejorando poco a poco su vida. Se volcó en el trabajo y abrazó la fe budista.

En 2011 tenía una vida equilibrada y dirigía una asociación budista. Pero "llevaba un tiempo con dudas. Sentía que el budismo era una forma hermosa de mirar la vida pero sentía también que algo faltaba. Pensaba a veces en la fe católica que había abandonado diez años antes".

Ese sábado 5 de marzo de 2011 por la mañana estaba haciendo su meditación gongyo, una ceremonia con cánticos budistas, cuando empezó a pensar en visitar el Santuario de Knock.

Decidió de golpe ir al santuario (cuatro horas y media de conducción) "con mente abierta, con la actitud de ´que gane el mejor´".

"El sacerdote estuvo genial"
"Era una misión en busca de la verdad, no una visión subjetiva de las cosas, sino de la verdad objetiva. Y a las 3.30 de la tarde ese día, fuera de la capilla de las apariciones de Knock, tuve mi reconversión. No fue como un relámpago con música y luces, fue una vocecita tranquila, un despertar, un darme cuenta de que mi fe había vuelto, y que desde ese momento sería un católico comprometido el resto de mi vida", explica.

Como en tantos santuarios marianos, Knock es un lugar idóneo para confesarse, y así lo hizo inmediatamente. "Fui directo a la confesión sintiéndome emocionado pero nervioso tras 10 años lejos de la fe. No sabía ni como empezar, pero el sacerdote estuvo genial, haciendome sentir como si él sólo quisiera darme la bienvenida a casa", recuerda.

Los misterios de Dios

Dejó sus responsabilidades en la asociación budista y se implicó en su parroquia local. Se dio cuenta que había hecho una oración en Knock diez años antes… y que había recibido su transformación en Knock, cuando a Dios le pareció que era el momento más adecuado. Se dio cuenta de que pese a sus diez años viviendo peligrosamente Dios le había protegido y cuidado.

"Ahora soy un no fumador completo. Soy felizmente célibe, hablo cómodamente, de forma abierta, de mi sexualidad. He descubierto que hay muchas personas gays que son célibes y felices por el Reino de Dios, sin juzgar a los que viven distinto", escribe.

En Twitter difunde fotos del santuario mariano de Knock y recuerda: "Dios obra de maneras misteriosas".

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