El culto católico a la Virgen María hunde sus raíces en el Antiguo Testamento, explica un experto en Sagradas Escrituras

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María, a los pies de la Cruz en la película "La Pasión" (2004) de Mel Gibson.

Brant Pitre, profesor de Sagradas Escrituras en el Instituto Agustino de Denver (Colorado, Estados Unidos), ha consagrado buena parte de sus escritos a mostrar la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, en el sentido de que éste da pleno cumplimiento a aquél. Su último libro aplica este método a la figura de la Virgen María: Jesus and the Jewish Roots of Mary: Unveiling the Mother of the Messiah. En él muestra los fundamentos bíblicos de la devoción a María, desde el Génesis al Apocalipsis.

“Jesús y las raíces judías de María” es la continuación de un libro en la misma línea del mismo autor: “Jesús y las raíces judías de la Eucaristía”.

Según explica en una entrevista que le hace Paul Senz para The Catholic World Report, vio que algunos cristianos tenían problemas para entender la doctrina católica sobre la Virgen María: su Inmaculada Concepción, su Virgnidad Perpetua, su Asunción a los Cielos… “En particular”, afirma, “el libro tuvo su origen en una conversación con un querido amigo protestante que había empezado a ir a una iglesia católica pero se sentía sinceramente perplejo por la costumbre católica de pedir la intercesión de María. Nunca olvidaré lo que dijo: ‘Me parece como idolatría… ¿Puedes recomendarme un libro sobre María en las Sagradas Escrituras que explique por qué los católicos creen lo que creen?’” Y se encontró con que la mayor parte de los libros sobre la Virgen están escritos por católicos para católicos. Así que pensó escribir uno que trasladase a cualquiera (católico, protestante, judío, musulmán, sin religión) lo que la Biblia enseña realmente sobre ella.

“La clave para comprender la Inmaculada Concepción de María, su Asunción corporal a los cielos y la veneración que se le tributa se descubre contemplándola con ojos de un judío del siglo I, como la Nueva Eva, la Nueva Arca de la Alianza, la nueva Reina Madre del Reino de Dios”, explica Pitre: “Todos los primeros cristianos fueron judíos. José era judío, María era judía, Jesús era judío, los Doce Apóstoles eran judíos. Si quieres entender de verdad a Jesús y el Nuevo Testamento, tienes que entender el contexto histórico en el que nació el cristianismo. Y ese contexto es el judaísmo del siglo I”.

Una entrevista a Brent Pitre sobre su libro.

Durante su investigación, comprobó que todos los libros sobre la Virgen que rechazan la doctrina católica como no-bíblica ignoran “invariablemente” el fundamento en el Antiguo Testamento de lo que el Nuevo Testamento dice sobre María: “La razón por la que tanta gente no ve hasta qué punto son bíblicas las creencias católicas sobre María es que solo miran lo que el Nuevo Testamento dice sobre ella, pero ignoran las prefiguraciones de María en el Antiguo Testamento”.

Maternidad física y maternidad espiritual

Pitre aborda, por ejemplo, la famosa objeción a la virginidad perpetua de María basada en la referencia de los Evangelios a “los hermanos de Jesús”. Pero son los mismos Evangelios quienes aclaran que se trata de Una de las cosas que más le llamaron la atención fue “la cantidad de pruebas sobre la virginidad perpetua de María”. Sobre la famosa cuestión de los “hermanos de Jesús” (Mc 6, 3), Pitre explica que los mismos Evangelios dicen que esos “hermanos de Jesús”, Santiago y Pedro, eran hijos de otra mujer llamada María (Mc 15, 40) y de su marido Cleofás, que era tío de Jesús (Jn 19, 25). Se convertirían en obispos de Jerusalén, y fueron ampliamente conocidos por los antiguos historiadores cristianos por haber sido sus “primos” (Eusebius, Historia de la Iglesia, 3.11.1-2; 4.22).

Además, señala, no hay objeción en que María conservase su voto de virginidad después de casada, algo que recoge el Antiguo Testamento (Núm 30, 7-9) “si su marido guarda silencio”, como sabemos, por su actitud ante el embarazo de su esposa (Mt 1, 19), que había hecho José.

La nueva Raquel y la maternidad espiritual de la Virgen

Otro punto en el que se extiende Pitre es en la identidad de María como la nueva Raquel: “En el Antiguo Testamento, Raquel es la esposa de Jacob y madre de José y Benjamín. En la tradición judía, Raquel era vista como la afligida madre de Israel, cuyas oraciones de intercesión eran consideradas extraordinariamente poderosas. Hasta hoy mismo puedes visitar la tumba de Raquel en Tierra Santa, y existe la tradición judía de pedirle a Raquel su intercesión”.

La Tumba de Raquel, a quien es costumbre judía pedir la intercesión. Se encuentra en Belén y es visitada por cristianos, judíos y musulmanes.

Hay en el Nuevo Testamento un paralelismo con el Antiguo entre las figuras de María, Jesús y Juan (el Discípulo Amado) con las de Raquel, José y Benjamín (el Predilecto). Juan habla de sí mismo como el Discípulo Amado, que es como era llamado Benjamín en el Antiguo (Deut 33, 12). Es decir, Juan y Jesús tienen la misma madre, lo que refuerza la maternidad espiritual pedida por Cristo en la Cruz (“Ahí tienes a tu madre”: Jn 19, 27).

María, la madre de Jesús, entre María Magdalena y Juan, en una escena de “La Pasión” (2004) de Mel Gibson.

“Si el Discípulo Amado representa a todos los discípulos, entonces Jesús está entregando a María a todos los que creen en Él, a todos sus ‘amados discípulos’. Esto puede explicar por qué en el Apocalipsis de San Juan, a la madre del Mesías se la presenta como la madre de todos los que ‘dan testimonio de Jesús’ (Ap 12, 17)”, explica Pitre.

Unidad entre Jesús y María

Según Pitre, “todo lo que la Iglesia enseña sobre María se basa en lo que cree sobre Jesús”, y así, “una vez que empiezas a ver a María como la Nueva Eva… te ayuda a entender que Jesús es el Nuevo Adán… Si empiezas a ver a María como la Nueva Arca de la Alianza, empiezas a ver que Jesús no solamente es el Mesías, sino el nuevo Pan de Vida, que bajó del cielo y se escondió en el Arca del cuerpo de María, la morada de Dios sobre la tierra… Si empiezas a comprender que María es la Nueva Reina Madre, entonces no quita ni una pizca de gloria a Jesús el Rey. Al contrario; las costumbre de los antiguos cristianos de honrar a María con títulos reales y pedir su intercesión tienen todo el sentido, porque en el Antiguo Testamento la reina no era la esposa del rey, sino su madre”.

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