Con la Virgen de los 7 Dolores en el Santo Sepulcro empieza la Semana Santa en Jerusalén

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La capilla de la Dolorosa en el Santo Sepulcro, con su misa del viernes previo a Ramos
La capilla de la Dolorosa en el Santo Sepulcro, con su misa del viernes previo a Ramos

Silvia Giuliano, en la web de la Custodia de Tierra Santa, recoge una devoción especial por la Virgen de los Siete Dolores que está representada en el Santo Sepulcro de Jerusalén desde el siglo XIX y que marca el inicio de la Semana Santa entre los católicos de rito latino.

El 31 de marzo se celebró la misa de la Virgen de los Siete Dolores en el Santo Sepulcro. Se hizo en una esquina especial, el altar de la Dolorosa, que separa la capilla griega de la latina en la zona de la Crucifixión. Hay allí una imagen de madera, medio busto, de la Virgen, con una espada en su pecho. Es una alusión a la profecía del anciano Simeón en Lucas 2, 35: «Y a ti misma una espada te traspasará el alma».

Esta imagen la regaló la reina María Pía de Portugal (hermana de Amadeo I de España) en 1878 al Santo Sepulcro. Eso fue años antes de que mataran a su hijo, el rey Carlos I de Portugal, en un atentado, de varios disparos. Parece que tras el asesinato la reina madre enloqueció.

La liturgia alude a los 7 dolores de la Virgen, que son los siguientes:

1) la profecía de Simeón sobre su hijo (Lc, 2, 34-35),
2) la huida a Egipto, con José y el Niño (Mt, 2, 13-21),
3) la pérdida de Jesús con doce años, encontrado después en el templo (Lc, 2, 41-51),
4) el encuentro con Jesús en el Vía Crucis (Lc, 23, 27-31),
5) el sufrimiento de María al pie de la cruz (Jn, 19, 25-27),
6) el dolor sosteniendo a su Hijo muerto en brazos (Mt, 27, 57-59),
7 su dolor al depositar a Jesús en el sepulcro (Jn, 19, 40-42).

Es precisamente allí, a unos metros del sepulcro, donde el vicario de la Custodia, fray Ibrahim Faltas, predicó sobre estos dolores de María.

Capilla de la Dolorosa en el Santo Sepulcro, con la celebración de la Misa de los 7 Dolores
Capilla de la Dolorosa en el Santo Sepulcro, con la celebración de la Misa de los 7 Dolores

Orar por las madres que sufren

Explicó que estos dolores son «una especie de camino de sufrimiento». Su dolor nos puede animar a orar por todas las madres que sufren, especialmente, dijo, por todas las madres que, «aquí como en el resto del mundo dominado por injusticias y guerras, al igual que María se enfrentan a la agonía por la muerte de sus hijos».

«En esta fiesta de la Dolorosa, en este lugar del Calvario, único en el mundo, llevamos en nuestros corazones y en nuestra oración el dolor y el lamento de tantas mujeres que en esta tierra, como en el resto del mundo, han perdido a sus hijos, en guerras o conflictos absurdos: pongámonos al pie de la cruz para invocar a Dios Padre que vuelva la paz sobre la tierra y que la celebración de María Dolorosa nos ayude a comprender el gran regalo que hemos recibido de la cruz de Jesús».

Ante el dolor más desgarrador que puede existir, la muerte de un hijo, hay algo intenso, profundísimo. «Pero este hijo suyo – continuó fray Ibrahim Faltas – salvará a los hombres, dará a los hombres un “vino nuevo”, les dará su Espíritu. Y entonces María debe aceptar perder a su hijo por amor a los hombres. En cierto modo, se puede decir que en este momento María está viviendo su maternidad más profunda, porque es madre de Cristo y ahora se convierte en madre de todo el cuerpo de Cristo, de la Iglesia, es decir, de todos los cristianos».

El Vaticano II cambió la fecha… pero no en esta capilla

El culto a la Virgen Dolorosa y sus Siete Dolores es antiguo: existía ya a finales del siglo XI. En 1727 el Papa Benedicto XIII dictó que se celebrara el viernes antes de Domingo de Ramos. Luego, el Concilio Vaticano II estableció que la fiesta se trasladara al 15 de septiembre, pero en el Santo Sepulcro, lugar muy especial, se conserva también la solemnidad en la fecha antigua, previa al Domingo de Ramos, muy querida por peregrinos y fieles.

Se refieren a ella en latín: la solemnidad de los Septem Dolorum Beatae Mariae Virginis (Siete Dolores de la Santísima Virgen María).

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