La Virgen de la Cueva, mucho más que una canción: un santuario en plena naturaleza y siglos de historia

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El santuario está situado en un bello paraje natural

“Que llueva, que llueva, / la Virgen de la Cueva,  / los pajaritos cantan, / las nubes se levantan…/ Que sí, que no, / que caiga un chaparrón / con azúcar y turrón”. Millones de niños, padres y también abuelos de distintas generaciones han cantado esta conocida popular canción infantil y todavía hoy se sigue haciendo en miles de casas.

En la letra se habla de la Virgen de la Cueva, pero la canción, ¿se refiere a un lugar concreto donde hay devoción a Ella o es sólo un nombre ficticio? En realidad existe un santuario de la Virgen de la Cueva que está situado en la localidad asturiana de Piloña. Allí además reivindican esta canción popular como originaria de aquella comarca, al invocar a la Madre de Dios para que lloviera en tiempos de sequía.

Sin embargo, otros lugares también hacen suya esta canción. Son lugares relacionados con esta advocación en Altura (Castellón), Oroel (Huesca) y Esparragosa de Lares (Badajoz).

Una capilla en la cueva

El santuario de la Virgen de la Cueva de Asturias está enclavado en un bello paraje natural a pie del río. Una de las particularidades de este lugar poco conocido fuera de Asturias es que es la orografía del lugar la que construye este lugar al que luego se añadieron capillas. Actualmente, la titular de este santuario es una imagen de madera de cedro del siglo XVIII.

El primer registro documental del que hay constancia de este lugar se remonta al siglo XVI aunque la tradición habla de su origen varios siglos antes, concretamente durante la reconquista (siglos X-XI).

La historia del anciano eremita

En este caso, la leyenda dice que el señor de la Torre de Lodeña tuvo un sueño en el que se le aparecía la Virgen María para pedirle que se le diese culto en el lugar en el que actualmente se encuentra el actual Santuario.

Al acudir al lugar a verificar su sueño, encontró en la cueva a un anciano eremita que veneraba una imagen de la Virgen, igual que con la que había soñado él. El Señor de Lodeña reconoció en el hombre a un viejo amigo, un caballero portugués que había luchado contra los musulmanes junto a las tropas castellanas.

Fotografía antigua del santuario de la Virgen de la Cueva

El portugués le relató que a la vuelta a su tierra tras la batalla su joven amada falleció, lo que le llevó a comprender lo efímero de la vida promoviendo la búsqueda de la eternidad a través de la oración y la penitencia. Vagó por las tierras castellanas hasta que encontró una figura de la Virgen María en una oquedad del actual Santuario, por lo que decidió quedarse en el lugar. Al poco tiempo del encuentro, el portugués falleció y el señor de Lodeña promovió el culto a la Virgen en este lugar.

La visita de una reina y de un gran santo

Sí hay constancia documental de que a finales del siglo XVIII el santuario estaba formado por dos grupos de capillas: la de Nuestra Señora del Carmen y la del Cristo, situadas junto a la pequeña capilla de la Virgen de la Cueva.

Este lugar llegó a ser un lugar conocido y de peregrinación y así fue cómo en 1858 la reina Isabel II y el entonces príncipe de Asturias, que sería años después Alfonso XII, visitaron este lugar acompañados de uno de los grandes santos de aquel siglo, San Antonio María Claret. Una placa recuerda este paso en un viaje que tenía como destino final Covadonga.

María, Reina de las Familias, ruega por nosotros

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