La consagración del domingo a la Virgen de Guadalupe: como Juan Diego, somos «pequeños y frágiles» ante la pandemia

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El Domingo de Resurrección, a las doce de la mañana (hora de Ciudad de México), en la basílica nacional de México, los obispos del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) consagrarán los países miembros a la Nuestra Señora de Guadalupe, Emperatriz de América, para pedir su protección ante el coronavirus.

“El momento presente exige de nosotros como pastores, ver y escuchar las aflicciones de nuestros pueblos, generando esperanza y dirigiendo la mirada a nuestra Madre del cielo. Le pediremos salud y el fin de esta pandemia, poniéndonos bajo su mirada amorosa en estos momentos difíciles, en los que ella puede abrirnos las puertas de la esperanza”, afirmaron los obispos al convocar el acto, que podrá seguirse en directo a través de televisión e internet.

A la misma hora, todas las catedrales y parroquias del continente tañirán las campanas doce veces para iniciar el rezo del Santo Rosario Misionero, ofrecido por los enfermos de todo el mundo y por el personal sanitario, fuerzas de seguridad y resto de colectivos que luchan en primera línea contra la difusión del virus.

A continuación se celebrará la misa de Pascua de Resurrección, a la que seguirá el Acto de Consagración a Nuestra Señora de Guadalupe, “en el mismo lugar donde el Papa Francisco en febrero de 2016 oró en silencio por el mundo entero”.

Ésta es la oración que será leída en nombre de todos por el arzobispo primado de México, Carlos Aguiar:

Oración para el acto de Consagración a la Guadalupana
Oración a la Santísima Virgen María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive.

En estos momentos, como Juan Diego,
sintiéndonos “pequeños” y frágiles ante la enfermedad y el dolor,
te elevamos nuestra oración y nos consagramos a ti.

Te consagramos nuestros pueblos,
especialmente a tus hijos más vulnerables:
los ancianos, los niños, los enfermos, los indígenas, los migrantes,
los que no tienen hogar, los privados de su libertad.

Acudimos a tu inmaculado Corazón
e imploramos tu intercesión: alcánzanos de Tu Hijo la salud y la esperanza.

Que nuestro temor se transforme en alegría;
que en medio de la tormenta
tu Hijo Jesús sea para nosotros fortaleza y serenidad;
que nuestro Señor levante su mano poderosa
y detenga el avance de esta pandemia.

Santísima Virgen María,
“Madre de Dios y Madre de América Latina y del Caribe,
Estrella de la evangelización renovada,
primera discípula y gran misionera de nuestros pueblos“,
sé fortaleza de los moribundos
y consuelo de quienes los lloran;
sé caricia maternal que conforta a los enfermos;
y para todos nosotros, Madre, sé presencia y ternura
en cuyos brazos todos encontremos seguridad.

De tu mano, permanezcamos firmes e inconmovibles en Jesús, tu Hijo,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

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