El Sexto Dolor de María: una ayuda eficaz para poder vencer la ira y el resentimiento contra alguien

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La imagen de la Virgen con Jesús muerto entre sus brazos cambió la percepción de Maura

Maura Roan McKeegan es escritora de libros religiosos infantiles y articulista de temas católicos en distintas revistas de Estados Unidos. Y recientemente ha hablado sobre su experiencia personal para vencer la ira, uno de los siete pecados capitales, y que de no tratarse a tiempo puede causar mucho daño en la persona.


Santuario de las apariciones

En primer lugar esta mujer recuerda que varias citas de santos hablando acerca de la ira le pasaron por su cabeza mientras paseaba por el cementerio de su barrio buscando aire fresco y paz después de que un conocido suyo le hiciera un comentario hiriente e injusto.

Este cementerio siempre ha sido un lugar de consuelo y paz para ella, pues explica en Catholic Exchange que así ha aumentado su sentido del memento mori: “las lápidas me llevan a considerar mi propia mortalidad. Mis frecuentes visitas allí también me han servido como un recordatorio visible para rezar por los muertos”.

“Aquel día, hace unas semanas, mientras subía la colina del cementerio recé un Rosario de los Siete Dolores y traté de superar la tentación de enfadarme con esta persona por sus palabras poco caritativas. Pensar en lo que dijo solo lo empeoró. ¿Cómo pudo haber sido tan insensible? ¿Tan injusto?”, se preguntó en ese momento.

Maura Mckeegan muestra uno de los libros religiosos infantiles que ha escrito

Sin embargo, tal y como explicaban los santos sabía que necesitaba cerrar la puerta a la ira y cultivar la bondad. “Lo que sucedió después es algo que creo que fue un regalo de las almas santas, cuya amistad me envolvió y protegió en ese suelo sagrado”, confiesa Maura Roan.

De este modo, relata: “estaba rezando el Sexto Dolor de María: María sostiene el cuerpo de Jesús al pie de la cruz. Imaginé, como lo hago a menudo, a María sosteniendo a Jesús en sus brazos. Pero luego la imagen cambió. En el lugar de Jesús estaba la persona que había dicho las cosas hirientes. María la abrazaba tiernamente y la miraba con una mirada de infinito amor”.

Fue en ese instante cuando comprendió esta gran lección: “todos los que estamos en la tierra somos hijos de María, hechos a imagen y semejanza de Dios. Jesús está escondido en su pueblo. Y así, Nuestra Señora nos abrazaría a cada uno de nosotros como lo abrazó a Él”.

“Imaginar a esta persona en los brazos de María cambió toda mi perspectiva. En lugar de sentirme enfadada con ella reconocí su valor a los ojos de Jesús y María. Mi resentimiento cambió a reverencia por esta persona que Dios creó y ama profundamente, sin importar cómo me ofendió su comportamiento”, añade esta escritora.

Esto fue el inicio de una aventura que le ha traído grandes alegrías. Por ello, Maura afirma que empezó “a probarla con otras personas cuyas acciones me resultaban difíciles de soportar. En las semanas siguientes, cada vez que me sentía frustrada, resentida, molesta y tentada a enfadarme por algo que otra persona decía o hacía, regresaba al Sexto Dolor de María. Coloqué a esa persona en los brazos de María al pie de la Cruz. E inmediatamente mis sentimientos sobre ellos cambiaron. La frustración desapareció y creció la compasión por estas personas que, a pesar de sus faltas, también eran hijos de Dios”.

Fue en el cementerio, envuelta entre almas santas, donde asegura haber recibido la respuesta a la pregunta que le había inquietado: “¿Cómo evito la ira como dicen los santos?”.

“La respuesta estaba en el Sexto Dolor de María. Si llevo a cada persona que me ofende a Nuestra Señora para que la sostenga al pie de la cruz, su amor por Jesús curará las heridas de mi corazón imperfecto”, concluye Maura.

María, Salud de los enfermos, ruega por nosotros.

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