El cardenal Müller explica cómo la Iglesia discierne las apariciones de la Virgen, con delicadeza

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De los dos títulos que muchos católicos han deseado ver aplicados como dogmas de fe a la Santísima Virgen María, el de Mediadora Universal de todas las Gracias y el de Corredentora, este último parece descartarse, a tenor de lo afirmado por el cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller.

Acaba de publicarse un libro-entrevista del cardenal Müller con el sacerdote Carlos Granados, director de la Biblioteca de Autores Cristianos: Informe sobre la esperanza.

Dentro del capítulo "¿Qué podemos esperar de la Iglesia?", Granados le pregunta por la Virgen María como Madre de la Iglesia, y en uno de los puntos de su respuesta el purpurado alemán afirma que los teólogos y predicadores deben evitar los riesgos del exceso y del defecto al hablar de la Madre de Dios.

"Exagerar falsamente per excessum" consiste en atribuir a la Virgen "lo que no le conviene": "Por ejemplo, la Iglesia, a pesar de su lugar privilegiado en la obra de salvación no la llama ´corredentora´, porque el único Redentor es Cristo y ella misma ha sido redimida sublimiore modo, como dice Lumen Gentium 53, y está al servicio de esta Redención obrada exclusivamente por Cristo". El texto de Lumen Gentium, constitución del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, al que hace referencia el cardenal Müller dice que la Virgen María fue "redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo".

El prefecto de la Doctrina de la Fe también advierte contra el error de negarle a María "los singulares privilegios que le corresponden por decisión divina", como son "su inmaculada concepción, su divina maternidad, su perpetua virginidad, su asunción con el cuerpo y el alma a la gloria celeste".

Las apariciones privadas, "no oficiales y no obligatorias"

En cuanto a las apariciones privadas de la Virgen, el cardenal afirma que el "curioso fenómeno de la explosión de mariofanías acaecida recientemente en la Iglesia" responde a varios motivos, entre ellos "el diagnóstico sobre la sociedad actual" que centra buena parte del libro.

"Dichas apariciones privadas no oficiales y no obligatorias, que nada añaden a la verdad revelada, conquistan progresivamente más espacio en el mundo mediático y nos obligan a los pastores a realizar un delicado y no siempre fácil discernimiento", explica. Cuando son declaradas auténticas, como es el caso de las que cita (Guadalupe, Lourdes y Fátima), las apariciones están "al servicio de los fieles para que vivan mejor las verdades reveladas. ¡Cuánto bien ha hecho la Virgen desde el cerro Tepeyac, desde la gruta de Lourdes o desde Cova de Iria, en Fátima!".

Pero "otras veces, con decisión y firmeza, tras un proceso de estudio serio y sobre todo acompañado por la oración de la Iglesia, son declaradas falsas", con "el sufrimiento personal que siempre ocasiona el conocer el pecado y la miseria que se esconden detrás de un fenómeno de pseudomisticismo".

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