Aillet cree que «con sus advertencias la Virgen se sitúa en la perspectiva del final de los tiempos» y defiende a María como «corredentora»

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Monseñor Marc Aillet, obispo de Bayona (Francia)

La Virgen María ha tenido un papel central en la vida de la Iglesia y en la fe de los católicos. A lo largo de la historia se ha ido apareciendo en distintas épocas y situaciones. Primero en vida, como en Zaragoza al apóstol Santiago, y después tras su asunción, María se ha ido apareciendo hasta nuestros días con mensajes muy concretos.


Santuario de las apariciones

Sobre este papel de la Virgen habla Damián Sánchez en su libro Vengo a prepararos (Didacbook), en el que profundiza en las “apariciones y mensajes de  la Virgen María para nuestra época, a la luz de las Sagradas Escrituras”.

El prólogo está firmado por monseñor Marc Aillet, obispo de Bayona, uno de los obispos más activos de Francia y más volcados en la nueva evangelización.

En su escrito, monseñor Aillet recuerda que “la Virgen María viene a la tierra para pedir a los hombres insistentemente que se alejen de sus infidelidades y vuelvan a Dios con todo su corazón. En línea con las profecías de Israel, les advierte que tendrán que sufrir ‘castigos’, si no se convierten. Se podría decir que esta llamada a la conversión, que constituye la esencia de la predicación de Jesús, es la expresión misma de la Misericordia de Dios”.

En su opinión, “las pruebas anunciadas, que se avecinan sobre nosotros y sobre las naciones, deben ser entendidas como las advertencias de un Padre que ama a sus hijos y quiere salvarlos de la condenación eterna”.

De este modo, el obispo de Bayona recalca que “con estas advertencias, la Virgen María se sitúa en la perspectiva del final de los tiempos cuando, según la visión de San Juan en el Apocalipsis, viviremos una gran confusión con el advenimiento del ‘Anticristo’ y del ‘falso profeta’. La Iglesia padecerá tribulaciones y el ‘Misterio de la iniquidad’ se rebelará bajo la forma de una ‘impostura religiosa’ y de la ‘apostasía de la verdad’. Este desencadenamiento de los poderes del Mal concluirá con la victoria definitiva de Dios”.

Así, en el prólogo de Vengo a prepararos, Aillet asegura que “en Fátima, la Virgen María aparece claramente como la Mujer del Apocalipsis: ‘una gran señal apareció en el cielo; una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza’”.

En su opinión, “el milagro del sol, visto por una multitud de testigos, acompañando su última aparición, el 13 de octubre de 1917, es la confirmación evidente. Es el combate escatológico entre la Mujer y el Dragón, que llevará a la Victoria de Cristo en María. En Fátima, María anuncia este hermoso epílogo: ‘Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará’”.

Pero monseñor Aillet va más allá y se adhiere al deseo del autor del libro y de otros obispos y cardenales de todo el mundo que han solicitado en varias ocasiones a la Santa Sede que “se proclame el quinto dogma mariano, el de María Corredentora universal, Mediadora de todas las gracias y Abogada”.

Abiertamente, el obispo de Bayona considera que “después de los dogmas que conciernen lo que es María en sí misma, los de su maternidad divina, su virginidad perpetua, su Inmaculada Concepción y su gloriosa Asunción, sería muy apropiado, efectivamente, que un dogma precise su misión en la obra de nuestra Salvación”.

“Si María es la nueva Eva, coopera de manera única y singular con la obra del nuevo Adán, al que está indisolublemente unida. Los dos Corazones unidos de Jesús y María, especialmente en la hora de la Redención –el corazón de Jesús atravesado por la lanza del soldado, del que brota sangre y agua, y el corazón de María atravesado por una espada, abogan por la proclamación de este dogma”, recalca monseñor Marc Aillet.

María, Salud de los enfermos, ruega por nosotros.

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