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La hermana Marie, una intrépida hija de la caridad que descubrió la casa de la Virgen en Éfeso

La hermana Marie de Mandat-Grancey (1837-1915), sierva de Dios, fue una religiosa francesa de las Hijas de la Caridad decidida a encontrar la casa original de María en Éfeso (Asia Menor, ahora Turquía).

Según la Tradición cristiana, María, la Madre de Dios (cuya solemnidad se celebra el 1 de enero) llegó a Éfeso, en Asia Menor, junto con el Apóstol Juan tras la resurrección de Cristo, y vivió allí bastantes años hasta que fue asunta al Cielo.

La casa estaba oculta y desconocida hasta que la Hermana Marie se propuso encontrarla y preservarla.

Educando niños para extraerlos de la marginalidad
La Hermana Marie creció en una santa y noble familia que pasaba la mitad del año en la Borgoña y la otra mitad en París. Entró en la comunidad de las Hijas de la Caridad (la misma comunidad que Santa Catalia Labouré, quien recibió de la Santísima Virgen la Medalla Milagrosa) y se convirtió en postulante en la parroquia de San Sulpicio de París en mayo de 1857. Tomó el hábito un año después, comprometiéndoe a trabajar con los pobres.

Su primer destino fue en un orfanato francés, donde, junto con otras seis hermanas, cuidaba de 55 huérfanos. Pusieron en marcha un taller de costureras para 60 chicas, algunas de la cuales venían de fuera de la ciudad para vivir con las chicas residentes. Muchos de los niños tenían piojos y escorbuto como consecuencia de la malnutrición y las insalubres condiciones de vida.

La hermana María tenía una gran devoción a la Santísima Virgen María y se convirtió en directora de la Asociación de los Niños de María. Con auténtica pasión y amor les enseñaba la protección del Corazón Inmaculado de María. Animaba a los niños a estar muy íntimamente unidos con María. También les instruía en que evitasen con prontitud todo lo que pudiese dañar su fe y su dignidad. "¡Sed como María!", enseñaba la hermana María.


La hermana Marie, en torno a 1868-1869.

Diez años después, en 1870, durante la guerra franco-prusiana, fue nombrada superiora de un orfanato en las afueras de París. Era una época caótica y peligrosa, pero la hermana María jamás falló a sus huérfanos ni a sus hermanas. Durante 16 años estuvo en el orfanato, construyó otro y dedicó sus propios recursos a pagar las necesidades de los niños y de otras religiosas.

La llamada de Oriente Medio
Luego ella respondió a la llamada del Papa León XIII para que misioneros franceses acudiesen en socorro del Oriente Medio. En 1886 fue asignada a un hospital francés en Esmirna (hoy Izmir, Turquía). Tras encontrarse con un hospital en situación deplorable, volvió a acudir a sus propios fondos para introducir mejoras para los pacientes y el equipo médico, aunque ella vivía en pobreza. La hermana María encontró unas cuantas aulas y dos talleres de costureras en un edificio adscrito al hospital y las empleó para enseñar a las jóvenes de la zona.

Durante aquel tiempo alli leyó los escritos de la mística alemana Beata Ana Catalina Emmerich sobre la vida de la Santísima Virgen María y de San José en Éfeso. Así comenzó su misión de encontrar la casa de María. La hermana María se quedó allí, cuidando tanto de musulmanes como de cristianos, hasta su muerte.

La hermana María animó a dos sacerdotes amigos suyos a que leyesen también los escritos de la Beata Ana Catalina. Una vez hubieron leído sobre la casa de María, quedaron convencidos de que existía y se encontraba a corta distancia de donde providencialmente estaban destinados.

Una expedición singular
La primera expedición de búsqueda tuvo lugar en julio de 1891. El grupo usó como mapa el libro de las revelaciones privadas de la Beata Ana Catalina. El 29 de julio, viajando en burro, estos tres católicos, más un greco-ortodoxo y un musulmán encontraron finalmente la casa.

Siguiendo las orientaciones de la hermana María, los arqueólogos identificaron las ruinas de una casa del siglo I sobre la cual se había construido una iglesia en el siglo IV.

El 21 de octubre de 1891 la hermana María obtuvo permiso para adquirir la propiedad a su nombre. La hermana María restauró la casa y la convirtió en un lugar de peregrinación.

Pidió a su padre el dinero que necesitaba para comprar no sólo la casa, sino también toda la montaña sobre la que estaba construida. La propiedad fue adquirida el 15 de noviembre de 1892. Durante la restauración se encontraron tres piedras de la chimenea, construida por los apóstoles. El pilar fue entregado a la capilla de la familia Mandat-Grancey en Francia, confirmando la santidad de vida de María y su trabajo y devoción a Dios y a la Virgen María.

La causa, abierta en Estados Unidos
La hermana María vivió una vida de desprendimiento, dedicación, virtud, obediencia y caridad. Su causa de beatificación fue abierta el 21 de enero de 2011 en la diócesis de St. Joseph-Kansas City (Missouri). La causa se abrió en Missouri por la devoción de esa comunidad a Nuestra Señora de Éfeso. Un dirigente de la American Society of Ephesus [Sociedad Americana de Éfeso], que sufraga los gastos de la casa de María en Éfeso, vivía en Kansas City. También hay allí una comunidad de monjas benedictias devotas de la Santísima Virgen María de Éfeso.

Además, resultaba imposible para la archidiócesis de Esmirna llevar a cabo todo el trabajo exigido por la causa, por disponer de un equipo de personas pequeño, pocos recursos y la amenaza terrorista, por lo cual se pidió a Kansas City que diese un paso adelante para ayuar.

El 13 de septiembre de 2014 (cumpleaños de la hermana María) se celebró en la catedral de la Inmaculada Concepción de Kansas City una misa de clausura para sellar todos los documentos y enviarlos a Roma a la Congregación para las Causas de los Santos para su causa de beatificación.

Indulgencia plenaria para un millón de peregrinos al año
El descubrimiento de la hermana María sigue siendo especial para los fieles. El Papa León XIII animó a visitarlo, declarándolo lugar de peregrinación. El 18 de agosto de 1961, el Papa San Juan XXIII concedió indulgencia plenaria a perpetuidad a la casa de María.

Hoy la casas de uno de los santuarios más antos de toda la Cristiandad. Los Papas Pablo VI, San Juan Pablo II y Benedicto XVI se desplazaron especialmente para orar allí, y cada año lo visitan más de un millón de personas. Para los cristianos y para muchos otros en todo el mundo, es una importante casa que visitar.

Publicado en National Catholic Register.
Traducción de Carmelo López-Arias para Cari Filii.

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