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El Papa canonizará él mismo a la monja que vio a la Virgen, experimentó los estigmas y fue atacada por el demonio

Esta religiosa será canonizada por el Papa el próximo 13 de octubre en Roma

Esta semana el Papa Francisco convocó un consistorio ordinario público para pedir el voto de los cardenales presentes en Roma para varias causas de canonización. La más llamativa era la del cardenal Newman, pero junto al beato inglés aparecían otros cuatro nombres, que también serán declarados santos el próximo 13 de octubre en Roma.

Se trata por ejemplo de la religiosa y mística india, María Chiramel Mankidiyan, que nació en 1876 y falleció en 1926. Durante su vida tuvo además de experiencias místicas, visiones de la Virgen María así como los estigmas de Cristo. Además de sufrir los ataques del demonio tuvo que experimentar la incomprensión de su obispo, que obligó a que se sometiera a varios exorcismos.

Fundadora que dio su vida por los más necesitados

Esta religiosa, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia, dedicó toda su vida a los más pobres y tras una vida heroica será canonizada directamente por el Papa.

Según recuerda Aciprensa, de esta religiosa, el obispo indio James Pazhayattil fallecido en 2016, dijo que “se asemeja a Madre Teresa de Calcuta. Además de que comparten el mismo nombre, tienen en común no solo el haber fundado una congregación religiosa- una, las Misioneras de la Caridad, la otra las Hermanas de la Sagrada Familia – sino sobre todo que ambas se caracterizan por el servicio en favor de los más marginados, los pobres, los enfermos y los moribundos”.

Su intensa relación con María

La Beata Teresa Chiramel Mankidiyan nació el 26 de Abril de 1876 en Puthenchira, en el estado de Kerala (India). El nombre de María se lo agregó años después luego de tener una visión de la Madre Dios que le dijo que debía llevarlo ella también. En su autobiografía relata que desde muy pequeña sintió un intenso deseo de amar a Dios, por lo cual rezaba el Rosario varias veces al día e iba a Misa diaria con su madre.

Solía dejar los juegos infantiles para ponerse en oración y hacía una serie de sacrificios, oraciones, vigilias y ayunos que preocuparon a su madre porque afectaban su salud. La futura santa solía ingeniárselas para darle su comida a los más necesitados. Cuando cumplió 10 años decidió consagrar su virginidad a Dios.

Su madre murió cuando la niña tenía 12 años, por lo cual dejó la escuela. Quería una vida dedicada a la oración, y en 1891 dejó su casa para llevar una vida eremítica y de penitencia, pero no logró cumplir su proyecto.

Intensificó su colaboración en la parroquia junto a tres compañeras que serían luego miembros de la congregación que fundó, dedicándose a los pobres, docentes, personas solas y huérfanos. Oraba por la conversión de los pecadores.

Tuvo visiones de la Virgen

En 1903 explicó al vicario apostólico de Trichur su deseo de fundar una casa de retiro y oración. Le sugirieron entrar en un convento de clarisas, pasó luego a otro convento, pero la joven descubrió que esa no era su vocación.

Recibió de Dios muchos favores místicos, como tener visiones de la Virgen y de los santos, además de los estigmas de Cristo que recibió en 1909 y que mantuvo siempre en secreto.

Sin embargo, su obispo dudaba de la autenticidad de estos fenómenos y le ordenó que se sometiera a varios exorcismos. También sufrió ataques de demonios que buscaban doblegar su voluntad de seguir a Dios.

Una vida llena de pruebas

El 14 de mayo de 1914 fundó la congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia.  Tras doce años de extender la obra, tuvo una caída que le produjo una herida, la cual no se pudo controlar debido a la diabetes que sufría. Falleció en olor de santidad el 8 de junio de 1926.

Fue beatificada por San Juan Pablo II el 9 de abril del año 2000. En su homilía, el Papa peregrino dijo que “desde su niñez, María Teresa Chiramel Mankidiyan intuyó que el amor de Dios le pedía una profunda purificación personal. Entregándose a una vida de oración y penitencia, el deseo de la madre María Teresa de abrazar la cruz de Cristo le permitió permanecer firme ante frecuentes malentendidos y grandes pruebas espirituales”.

“La madre María, convencida de que ‘Dios dará la vida eterna a los que convierten a los pecadores y los llevan al camino recto’, se consagró a esa tarea mediante sus visitas y sus exhortaciones, así como mediante la oración y la práctica de la penitencia. Que, por intercesión de la Beata María Teresa, todos los hombres y mujeres consagrados se fortalezcan en su vocación de orar por los pecadores y llevar a otros a Cristo mediante su palabra y su ejemplo”, expresó.

La congregación de las Hermanas de la Sagrada Familia cuenta actualmente con unas dos mil religiosas que atienden escuelas, hospitales, enfermerías, casas para personas con discapacidad mental y física, centros sociales, entre otras obras.

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