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«Un ángel llamado Rebeca» en cines: la conexión con Lourdes y la Virgen María

La Sierva de Dios Rebeca Rocamora murió con 19 años, en Lourdes se apoyó en la Virgen y ahora es ejemplo para enfermos

La Sierva de Dios Rebeca Rocamora murió con 19 años, en Lourdes se apoyó en la Virgen y ahora es ejemplo para enfermos

Desde el 26 de abril los cines españoles acogen la película Un ángel llamado Rebeca, sobre una joven alicantina en proceso de beatificación, Rebeca Rocamora Nadal, fallecida en 1996 a los 19 años por una enfermedad.

Esta película documental es luminosa y edificante, nos acerca a la vida de Rebeca, su personalidad alegre, su entereza pese a la enfermedad, el impacto que dejó en su familia y en sus amigos y paisanos en Granja de Rocamora, así como a un milagro médico bien documentado por su intercesión, y gente que se inspira en ella para su vida de fe.

La película analiza la espiritualidad de Rebeca a partir de la vivencia de la cruz: la cruz del enfermo que se une a Cristo, y también de la reliquia de la Cruz que se venera en su pueblo.

La película, sin embargo, no puede apenas tratar el tema de la devoción mariana de la joven Sierva de Dios, que va ligada especialmente a Lourdes, y así lo entienden en la diócesis de Alicante también.

El santuario de Lourdes es ese lugar mariano donde los enfermos rezan a la vez por la curación y también por entereza y fuerza para vivir cristianamente la enfermedad. Por allí pasó Rebeca, también ella una enferma y peregrina.

Peregrinando a Lourdes con Rebeca

El pasado mes de julio, una peregrinación de enfermos de la diócesis de Alicante, acompañados por el obispo Munilla, visitaron Lourdes. Eran unas 400 personas entre enfermos y acompañantes. A los peregrinos se les repartió una estampa y un texto breve sobre Rebeca y su relación con Lourdes. El lema de la peregrinación era “Peregrinamos a Lourdes con Rebeca”. Tanto el obispo Munilla como el consiliario de la hospitalidad de Lourdes en Alicante, José Manuel Iñigo Berná, hablaron de la joven Sierva de Dios, y jóvenes voluntarios repartieron sus estampas en la misa de unción de enfermos.

Peregrinas de Alicante en el santuario de Lourdes con estampas de Rebeca Rocamora
Peregrinas de Alicante en el santuario de Lourdes con estampas de Rebeca Rocamora

El texto entregado en Lourdes explica que Rebeca «destaca por su inocencia, vitalidad y alegría. Después de la Primera Comunión aparece en su vida la enfermedad, que acepta con entereza, sin perder nunca su hermosa sonrisa. Tras su recuperación prosigue los estudios, comprometiéndose activamente después de la Confirmación como catequista parroquial. Su historia se desarrolla con la misma normalidad que la de cualquier otra joven, pero con el estilo de quien ha dejado que Dios sea el timón de su vida, especialmente cuando surge de nuevo una grave enfermedad que vive abrazada a la cruz con una fe, alegría y fortaleza poco comunes, siendo luminoso testimonio de vida cristiana para cuantos la visitan».

«Rebeca tenía una devoción especial a la Virgen»

«Rebeca tenía una devoción especial a la Virgen María y acudía a su intercesión para que, si era voluntad de Dios, le concediera la salud. Pero no sólo le pedía su ayuda, sino que también seguía su ejemplo, imitándola sobre todo en el silencio, pues callaba gustos y preferencias personales por no importunar a nadie con alguna molestia, sino que, como María, “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19)», añade el texto.

«Rebeca, estando enferma y con dificultades para desplazarse, expresó su deseo de peregrinar a Lourdes con toda su familia para ver a la Virgen. Y a pesar de las dificultades ante un viaje tan largo, la familia al final accedió a su petición. “Una vez ante la bella imagen de Nuestra Señora que había visitado otras veces llena de salud, pidió a su madre que comenzara a rezar el rosario. Rebeca miraba embelesada a la Virgen (…) Quienes la acompañaban oraban interiormente para que María le devolviera la salud, pero a ella nada se le oía decir ni pedir, sólo contemplaba y sonreía”», continúa el texto, tomado del libro de 2004 La estela de una sonrisa, que escribió Laura, la hermana de Rebeca.

«Fruto de aquella peregrinación a Lourdes fue una gran conformidad con la voluntad de Dios, aceptando con paz la enfermedad. Por eso, a quienes le decían que pidiese la salud, Rebeca respondía: “Es que el Señor ya sabe que, si conviene, me la tiene que dar. Yo le pido que me aumente la fe”», añade esta enseñanza para peregrinos.

«Aprendamos de Rebeca a contemplar a María, a mirarla y a dejarnos mirar por Ella, pues como buena Madre, Ella nos mira con todo el amor de su corazón. Y con los ojos de María, contemplemos la vida de Jesús en cada misterio del Santo Rosario», exhorta el texto para los peregrinos alicantinos.

Rebeca y Bernadette, volcadas en Dios a los 14 años

Hay, además, otro punto de conexión entre Rebeca y Lourdes. Después de la Virgen, la protagonista en Lourdes es Santa Bernadette, una chica que a los 14 años experimentó las apariciones de la Virgen que transformarían su vida para siempre. Ella tuvo que ser la portavoz de la Virgen María desde ese momento. También Rebeca a los 14 años experimentó un crecimiento en fe: tras recibir la Confirmación, empezó a ser catequista con gran madurez y fe contagiosa.

«Yo tenía 20 años, ella 14, y era una cristiana mucho más madura que yo«, recuerda una compañera catequista. Muchos de los que la lloraron cinco años después fueron sus alumnos de catequesis. Ambas muchachas, a los 14 años, ya estaban disponibles para servir plenamente a Dios, también ante los sinsabores y dificultades, aprendiendo en la escuela de María y de la cruz.

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